domingo, 20 de febrero de 2011

EL PROPIO

Voy por Avenida Italia escoltado por mis… ¿captores? No, no son captores. No podría decir con certeza que estoy secuestrado (aunque me hablaron varias veces de un rescate, o de “rescatarse”), y aunque no voy contra mi voluntad, tampoco creo que tener la posibilidad de irme. Ya es demasiado tarde…

Todo comienza un mes atrás en la estación espacial “Simón Bolívar”: el centro de investigación del Mercosur (financiado por Venezuela), que orbita Júpiter junto con sus lunas. Orgulloso de finalizar mi tarea, que consistía en pintar un sol al estilo Páez Vilaró en el exterior del comando central de la estación, la participación uruguaya en la construcción de la estación había culminado. Con el deber cumplido, se me ordenó el tan ansiado regreso.

Llegando a la atmósfera terrestre, traté de comunicarme con la base Marcelo Capalbo, popularmente conocida como “El Cilindro”, pero fue en vano. Nadie respondía, ni siquiera por las líneas de emergencia. Por suerte la computadora a bordo se encargo de todos los detalles del aterrizaje.

Una vez en tierra firme, encontré la base desierta. Tomé uno de los vehículos, y rápidamente salí a transitar Montevideo para averiguar que había sucedido. Las calles tenían el mismo panorama de desolación. No había absolutamente nadie.

¿Qué pasó? No pudo haber sido una catástrofe nuclear, porque todas las construcciones estaban en buen estado. ¿Fue algo súbito y fulminante como una terrible enfermedad? ¿O pudiera ser que simplemente que la gente se estaba escondiendo?

Al llegar a Tres Cruces, todo cambió. Cientos de personas salieron de todas partes y me rodearon. Su comportamiento era extraño. Tenían una poco natural forma de caminar con pasos cortos y veloces. Su apariencia también era extraña. Todos estaban vestidos con ropajes de color negro y amarillo, o portaban algún estandarte con esos colores.

La mayoría utilizaba gorras, estaban encapuchados, o ambas cosas. Tal vez sea la forma de protegerse de alguna peligrosa radiación solar, causante de esta extraña situación, y que explicaría la fuerte tonalidad de amarillo en sus cabelleras, pero era difícil saberlo, ya que la comunicación me resultó prácticamente imposible. Hablaban un raro dialecto basado en el idioma español. Yo comprendía las palabras, pero no el uso que les daban. Hacían caso omiso a lo que les decía, y todos parecían obsesionados con algo que llamaban “monea”, lo cual me pedían repetidamente.

El ruido era tremendo. Algunos hacían rugir estridentemente los motores de los vehículos birrodados que cabalgaban, mientras portaban un casco en sus brazos. Otros tenían unos pequeños aparatos con números, que despedían un rítmico sonido con una molesta cadencia, como un “cachachún, cachachún” incesante. Pero la mayoría participaba en un gran cántico, acompañados por tambores, donde agitaban sus manos hacia arriba y abajo.


La turba comenzó a andar y aquí me encuentro. La muchedumbre me lleva por Avenida Italia. A medida que avanzábamos, cada vez más personas se nos unen. Se que algo no anda bien y que debería salirme de aquí, pero no tengo forma de lograrlo. Pese a que se dirigen entre ellos como “amista”, los rostros a mi alrededor no son amistosos, por lo que no debería arriesgarme a huir.

Llegamos al estadio Centenario y ahora comprendo lo que sucede: ¡es una guerra! Frente a nosotros se interpone otra turba de similares características, pero embanderados con los colores azul, blanco, y rojo. La tensión lo empapa todo.

Un frenesí de violencia se desató entre ambos bandos. Vuelan piedras y se golpean con todo lo que encuentran. No hay lugar a consideraciones, no importa el sexo o la edad, todo es lo mismo. Y pese al caos reinante, un fuerte olor dulzón lo inunda todo.

¿Así serian las batallas en la época de las cavernas? ¿Qué causo esta involución en la sociedad, mientras estuve en el espacio? No lo se, y tampoco importa ahora que intento defenderme como puedo. Doy un puñetazo a uno, una patada a otro, y no puedo atinar a hacer más nada. La situación me desborda y me sofoca. Instantes después, estoy con la camisa abierta, quedando al descubierto la marca de nacimiento que tengo en el pecho, y que por alguna razón, funciona como un catalizador de paz.

Todos, sin importar el bando, se quedaron quietos mirándome con expresión de asombro. El silencio es asombroso y tan abrumador como el anterior bullicio. La transpiración corre por mi rostro y se mezcla con la sangre, mientras el miedo me invade. ¿Qué esta pasando? ¿Por qué se detuvo todo?

Algunos murmuran “es El Propio, tiene la pipa”, y segundos más tarde el murmullo recorre todo el lugar. Entonces, se arrodillaron ante mí con solemnidad, y pude entender lo que sucedió. La marca en mi pecho es igual al símbolo que todos usan en su calzado, sus gorras, y en algunas prendas de ropa. Debe ser el símbolo de algún dios que veneran ambos bandos, y piensan que soy alguna especie de Mesías. 

¿Pero que decirles? Están esperando alguna acción divina de mi parte. Algo que confirme que soy quien creen que soy. Y más vale que lo haga rápido o las cosas se pondrán peor que antes. Fue entonces que como en una revelación se me presentaron las palabras correctas. “Este año habrá noche de las luces”, les anuncié. Y efectivamente, me volví su dios.



El_Hincha

7 comentarios:

The Thinker dijo...

Jua jua! Como buen bolso te lo reconozco, hay cadas subnormales! Pero en tu Tanque Sisley también hay miembros de esta especie! no seas malo.

¿Me parece a mí o estuviste viendo 28 días después?

Saludos

El_Hincha dijo...

The Thinker, cuando vas a la cancha de El Tanque, una vos en el alto parlante recuerda a la parcialidad que mantenga el respeto por el rival "como es costumbre de la hinchada de El Tanque Sisley".

Nunca vi 28 dias despues... pero no seria la primera vez que se me ocurre una idea que ya penso otro antes...

Detaquito dijo...

Clap, Clap, Clap!

SENCILLAMENTE EXCELENTE.

Hincha, usté es un grande.

"Orgulloso de finalizar mi tarea, que consistía en pintar un sol al estilo Páez Vilaró en el exterior del comando central de la estación, la participación uruguaya en la construcción de la estación había culminado"

Con eso me estuve riendo un buen rato!

Detaquito dijo...

Pd.: La imperial no tiene otros colores distintos a los del fondo?

me parece que ahi le erro.-

El_Hincha dijo...

Detaquito:

Al dia siguiente descubri que Vilaró esta pintando cassatas de helado...

Este es el mejor fondo que se puede encontrar en una intensa busqueda de 5 minutos (5 de los 20 minutos anuales que le dedico al diseño de la pagina)... y el fondo anterior ya me tenia cansado.

vv.- dijo...

a mi me sucedió algo parecido, pero me dejaron ir porque necesitaba saber por donde pasaba el "2", con voz nervioso y sin las eses al final:

"el 2 pasa por Propio'"

No se que dijeron, y me fui.. al final camine mas de la cuenta..

Muy bueno!
Saludos!
vv.-

Oscar W dijo...

Muy bueno.
Es como lo que le ocurrió a aquel promotor de un concurso cuando esos personajes le dijeron "entregame las bases".. je